El campeón
Fue ayer de noche estando en reunión de amigos cuando volví
a verte después de tantos años. Te adiviné a la distancia, casi como una sombra. Te acercaste, te sentaste a la mesa justo a mi lado y el derredor silenció. Tan cercanos, no pudimos
evitar que nuestras rodillas se rozaran debajo de la mesa y fue entonces que
giré mi cara y encontré tus labios y al instante saboreé en mi boca tus besos.
Tus manos estaban apoyadas en la mesa, esas manos heridas, esculpidas
a golpes que recorrieron tantas veces con suavidad mi piel, reinventando mi
cuerpo. Cerré los ojos y recordé la habitación aquella, las sabanas esparcidas
en el piso, sentí tu cuerpo entero sobre
el mío, el olor de tu piel y el interminable
goce. Sucedió en ese momento, cuando diste vuelta la cara y nos miramos
a los ojos que los dos supimos cual sería nuestro próximo movimiento. Los demás
como espectadores en la mesa también percibieron, ellos fueron testigos de esa
pasión clandestina que nos unía allá lejos y hace tiempo.
Iba a levantarme para acudir a la cita tácita, cuando
desperté del sueño, del sueño que por un instante te volvió a la vida.
Al costado de mi cama, esparcidas por suelo, yacían las
sábanas caídas.
Coby Vros
Abril 2014