martes, 21 de enero de 2020

Apta


Tengo la  piel apta para la caricia, el perdón de los muertos en el alma y la risa de lo cotidiano. 
Tengo citas con abrazos y algunos  paisajes de montaña.
Tengo el compás del tango y la copa de vino caída a orillas de un lago.
Tengo el perfume del mediterráneo impregnado en el espíritu que me mueve.
Tengo un bosque de sabanas que me envuelven  al costado de un cuerpo, que exploro sin pausa.
Tengo puertas abiertas y mesas tendidas con aroma de café y manteles a cuadros.
Tengo un collage de fotos de instantes recuperados.
Tengo el pasaporte abierto de fronteras y nubes.
Tengo el  umbral moral, ese que no pude cruzar porque temblé de miedo.
No tengo la  tarde que me robaron,  para no contarla.

La noche afanosa  no sabe cómo albergar tantas estrellas
Y yo soñando que estoy viva.



Por no saber a donde ir


Por no saber a dónde ir.
Crucé fronteras y me quedé en el camino.
Hice origami de niños tomados de la mano.
Me puse de rodillas, alguna vez ante un altar.
Grabé mi nombre en un pupitre y quebré tizas en el pizarrón.
Fumé a escondidas el mismo día que falté a clases.
Tropecé diez veces con la misma piedra.
No visité médicos,  pero anduve con el corazón en la mano.
Pinté con rouge mis labios y también con sangre,
Lloré lágrimas de tinta china y reí a carcajadas.
Grabé hasta mi propia voz y me acomodé a las circunstancias.
Conocí lo eterno y lo efímero: el lujo, la fama y la vulgaridad.
Me vestí a la moda y caminé desnuda por la arena.
Compré regalos de navidad y aspire las velas de cumpleaños.
Pedí créditos y gasté a cuenta.
Levante la copa y estrellé otras contra el piso.

Una mañana,
me abrazaron margaritas con olor a café.
Y encontré un  lugar donde volver.

Tuve un hogar.