Tengo la piel apta
para la caricia, el perdón de los muertos en el alma y la risa de lo
cotidiano.
Tengo citas con abrazos y algunos paisajes de montaña.
Tengo el compás del tango y la copa de vino caída a orillas
de un lago.
Tengo el perfume del mediterráneo impregnado en el espíritu
que me mueve.
Tengo un bosque de sabanas que me envuelven al costado de un cuerpo, que exploro sin
pausa.
Tengo puertas abiertas y mesas tendidas con aroma de café y
manteles a cuadros.
Tengo un collage de fotos de instantes recuperados.
Tengo el pasaporte abierto de fronteras y nubes.
Tengo el umbral moral,
ese que no pude cruzar porque temblé de miedo.
No tengo la tarde que
me robaron, para no contarla.
La noche afanosa no
sabe cómo albergar tantas estrellas
Y yo soñando que estoy viva.
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