Por no saber a dónde ir.
Crucé fronteras y me quedé en el camino.
Hice origami de niños tomados de la mano.
Me puse de rodillas, alguna vez ante un altar.
Grabé mi nombre en un pupitre y quebré tizas en el pizarrón.
Fumé a escondidas el mismo día que falté a clases.
Tropecé diez veces con la misma piedra.
No visité médicos, pero
anduve con el corazón en la mano.
Pinté con rouge mis labios y también con sangre,
Lloré lágrimas de tinta china y reí a carcajadas.
Grabé hasta mi propia voz y me acomodé a las circunstancias.
Conocí lo eterno y lo efímero: el lujo, la fama y la
vulgaridad.
Me vestí a la moda y caminé desnuda por la arena.
Compré regalos de navidad y aspire las velas de cumpleaños.
Pedí créditos y gasté a cuenta.
Levante la copa y estrellé otras contra el piso.
Una mañana,
me abrazaron margaritas con olor a café.
Y encontré un lugar
donde volver.
Tuve un hogar.
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