Los Globos
Me gustaban
los globos inflados a gas. Aunque me generaban una leve inquietud: el miedo a
que se escaparan.
Cuando me
compraban el globo, procedía a asegurarlo con firmeza dándole al piolín por lo
menos tres vueltas en mi muñeca.
Me gustaba
mirarlo flotar detrás de mí, fiel. La distancia que nos separaba le otorgaba
una cierta independencia, pero cada tanto recogía el hilo acortando su autonomía
y manifestando mi autoridad.
Me divertía ir
soltando el hilo, hasta sostenerlo apenas con la punta de los dedos índice y
pulgar. Un frío recorría mi espalda, y lo enrollaba rápidamente.
Si alguna
extraña conjura me lo arrebataba de la mano, lo corría y saltando intentaba
tomar el hilo que iba ganando altura.
El globo
seguía su camino zarandeando la cola.
Al verlo
elevarse y volar ladeado hacia lugares desconocidos, no por sobre adaptación
sino con verdadera alegría mi corazón le concedía la libertad.
2008

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