Abrí la puerta del templo y solo
vi oscuridad, la figura de un hombre anciano y encorvado se dibuja borrosa ante
un altar, repleto de telarañas .el olor a moho y humedad impregnaba el
ambiente.
Me dirigí a otra puerta que me
extendió el alma en el cuerpo de un hombre robusto, que navegaba tratando de
sacar a su familia de una situación que parecía acecharlos.
Volví a mi cuerpo y dejé
depositados en el espacio del tiempo los sueños.
Ayer retomé el sueño y me dirigí
al templo cuando abrí la puerta me recibió un anciano benévolo que me llevo de
la mano, confiada lo seguí por los pasillos y abrí la puerta para encontrarme
esta vez con el olor de las manzanas horneadas,
las voces altisonantes de mis padres .La sonrisa dibujada en los ojos de mi abuela,
los idiomas extraños a mi y el temor.
Mas tarde nadé en el agua de mi adolescencia, solitaria.
Me encontré también con la siesta
tibia de una tarde de verano en el río, con mis tíos, las voces felices y el
amor.
Me despedí del templo y del
anciano quien antes de irme me dijo: No
estas sola.
Coby Vros
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