martes, 21 de enero de 2020

Por no saber a donde ir


Por no saber a dónde ir.
Crucé fronteras y me quedé en el camino.
Hice origami de niños tomados de la mano.
Me puse de rodillas, alguna vez ante un altar.
Grabé mi nombre en un pupitre y quebré tizas en el pizarrón.
Fumé a escondidas el mismo día que falté a clases.
Tropecé diez veces con la misma piedra.
No visité médicos,  pero anduve con el corazón en la mano.
Pinté con rouge mis labios y también con sangre,
Lloré lágrimas de tinta china y reí a carcajadas.
Grabé hasta mi propia voz y me acomodé a las circunstancias.
Conocí lo eterno y lo efímero: el lujo, la fama y la vulgaridad.
Me vestí a la moda y caminé desnuda por la arena.
Compré regalos de navidad y aspire las velas de cumpleaños.
Pedí créditos y gasté a cuenta.
Levante la copa y estrellé otras contra el piso.

Una mañana,
me abrazaron margaritas con olor a café.
Y encontré un  lugar donde volver.

Tuve un hogar.




viernes, 3 de junio de 2016


Los Globos





Me gustaban los globos inflados a gas. Aunque me generaban una leve inquietud: el miedo a que se escaparan.

Cuando me compraban el globo, procedía a asegurarlo con firmeza dándole al piolín por lo menos tres vueltas en mi muñeca.

Me gustaba mirarlo flotar detrás de mí, fiel. La distancia que nos separaba le otorgaba una cierta independencia, pero cada tanto recogía el hilo acortando su autonomía y manifestando mi autoridad.

Me divertía ir soltando el hilo, hasta sostenerlo apenas con la punta de los dedos índice y pulgar. Un frío recorría mi espalda, y lo enrollaba rápidamente.

Si alguna extraña conjura me lo arrebataba de la mano, lo corría y saltando intentaba tomar el hilo que iba ganando altura.

El globo seguía su camino zarandeando la cola.

Al verlo elevarse y volar ladeado hacia lugares desconocidos, no por sobre adaptación sino con verdadera alegría mi corazón le concedía la libertad.
Coby Vros
2008

sábado, 19 de abril de 2014

El campeón

El campeón

Fue ayer de noche estando en reunión de amigos cuando volví a verte después de tantos años. Te adiviné a la  distancia,  casi como una sombra. Te acercaste, te  sentaste a la mesa justo a mi lado y  el derredor silenció. Tan cercanos, no pudimos evitar que nuestras rodillas se rozaran debajo de la mesa y fue entonces que giré mi cara y encontré tus labios y al instante saboreé en mi boca tus besos.
Tus manos estaban apoyadas en la mesa, esas manos heridas, esculpidas a golpes que recorrieron tantas veces con suavidad mi piel, reinventando mi cuerpo. Cerré los ojos y recordé la habitación aquella, las sabanas esparcidas en el piso,  sentí tu cuerpo entero sobre el mío, el olor de tu piel  y el  interminable  goce. Sucedió en ese momento, cuando diste vuelta la cara y nos miramos a los ojos que los dos supimos cual sería nuestro próximo movimiento. Los demás como espectadores en la mesa también percibieron, ellos fueron testigos de esa pasión clandestina que nos unía allá lejos y hace tiempo.
Iba a levantarme para acudir a la cita tácita, cuando desperté del sueño, del sueño que por un instante  te  volvió a la vida.
Al costado de mi cama, esparcidas por suelo, yacían las sábanas caídas.

Coby Vros

Abril 2014 

martes, 10 de septiembre de 2013

Ed


Un roce sutil en mi boca,  
y luego la despedida.
Un instante te trajo de vuelta,
para posar tus labios,
en otro beso que nos resucitara.


miércoles, 21 de agosto de 2013

Voces lejanas

La lluvia y los truenos suenan como voces lejanas, resaltando la presencia de un mundo expandido, más allá de ese pequeño espacio donde habita mi mente mundana.

domingo, 26 de agosto de 2012

Tácticas de supervivencia basadas en una experiencia traumática


Tácticas de supervivencia basadas en una experiencia traumática

En un espacio fuera del tiempo, clandestina confabulé tácticas de supervivencia. Inválida argumenté la historia y preparé la escena. Dominar era la solución, cree un círculo donde llevé a cada una de las personas que me rodearon, no debía quedar nadie afuera de ello dependía mi vida. Sin ellos no existía, esta tarea de custodiar y observar que todos estén dentro me  produjo un intenso odio hacia aquellos que debía mantener a raya y también lo trasladé a mi misma por la idea de creer que sin ellos no era nada.
Todo castigo para mi era merecido, no se puede sobrevivir a la tragedia del abandono y salir indemne.
Busqué personas cuidables y castigué a los que no pude curar.
Fui transgresora  temerosa, me sublevé analfabeta  y quebrada en pedazos me vestí para la ocasión.
Así fuí pecadora, como único camino elegí el extravío.
Muerta, respirando vida.

sábado, 7 de julio de 2012

Ser o no ser

Ser o no ser


Mis abuelos tuvieron durante un corto tiempo un almacén en el barrio de Saavedra .Me gustaba ponerme detrás del mostrador y ver a mi abuelo que por entonces me parecía de una estatura descomunal, sacar las galletitas dulces de una lata ,pesarlas y envolverlas luego en un papel ,en el momento de cerrar el envoltorio doblaba el papel en dos y tomándolo por ambos bordes hacía un repulgue de abajo hacia arriba y al llegar a los extremos giraba todo el paquete, en un movimiento certero tomándolo de las puntas y así quedaba perfectamente cerrado. Ese movimiento final tan difícil de explicar como de realizar, ejercía en mi una fascinación y porque no decirlo admiración por la habilidad de mi abuelo.
Mi abuelo fue la única figura masculina que tenía cercana, era un gran lector, escuchaba la radio en la cama hasta quedar dormido, se sentaba a la cabecera de una mesa de mujeres, tenía la mirada transparente. Cuando me tomaba de la mano, el mundo se transformaba en una conquista.
Una tarde mientras el negocio estaba cerrado y los abuelos descansaban y la siesta perfumaba el silencio de la casa, salí a la calle y me senté en el cordón de la vereda.
De pronto fijé la mirada en una pared pintada de colores vivos un azul vibrante y amarillo brillante, deletreé vi-va-bo-ca .Y fue esa tarde tibia de primavera donde elegí en libertad mi primera pertenencia .Cuando se despertó mi abuelo y abrió el almacén me encontró parada delante de la puerta y como si hubiese ganado altura le dije: “Abuelo, yo soy de Boca”.

Coby