sábado, 8 de febrero de 2020
martes, 21 de enero de 2020
Apta
Tengo la piel apta
para la caricia, el perdón de los muertos en el alma y la risa de lo
cotidiano.
Tengo citas con abrazos y algunos paisajes de montaña.
Tengo el compás del tango y la copa de vino caída a orillas
de un lago.
Tengo el perfume del mediterráneo impregnado en el espíritu
que me mueve.
Tengo un bosque de sabanas que me envuelven al costado de un cuerpo, que exploro sin
pausa.
Tengo puertas abiertas y mesas tendidas con aroma de café y
manteles a cuadros.
Tengo un collage de fotos de instantes recuperados.
Tengo el pasaporte abierto de fronteras y nubes.
Tengo el umbral moral,
ese que no pude cruzar porque temblé de miedo.
No tengo la tarde que
me robaron, para no contarla.
La noche afanosa no
sabe cómo albergar tantas estrellas
Y yo soñando que estoy viva.
Por no saber a donde ir
Por no saber a dónde ir.
Crucé fronteras y me quedé en el camino.
Hice origami de niños tomados de la mano.
Me puse de rodillas, alguna vez ante un altar.
Grabé mi nombre en un pupitre y quebré tizas en el pizarrón.
Fumé a escondidas el mismo día que falté a clases.
Tropecé diez veces con la misma piedra.
No visité médicos, pero
anduve con el corazón en la mano.
Pinté con rouge mis labios y también con sangre,
Lloré lágrimas de tinta china y reí a carcajadas.
Grabé hasta mi propia voz y me acomodé a las circunstancias.
Conocí lo eterno y lo efímero: el lujo, la fama y la
vulgaridad.
Me vestí a la moda y caminé desnuda por la arena.
Compré regalos de navidad y aspire las velas de cumpleaños.
Pedí créditos y gasté a cuenta.
Levante la copa y estrellé otras contra el piso.
Una mañana,
me abrazaron margaritas con olor a café.
Y encontré un lugar
donde volver.
Tuve un hogar.
viernes, 3 de junio de 2016
Los Globos
Me gustaban
los globos inflados a gas. Aunque me generaban una leve inquietud: el miedo a
que se escaparan.
Cuando me
compraban el globo, procedía a asegurarlo con firmeza dándole al piolín por lo
menos tres vueltas en mi muñeca.
Me gustaba
mirarlo flotar detrás de mí, fiel. La distancia que nos separaba le otorgaba
una cierta independencia, pero cada tanto recogía el hilo acortando su autonomía
y manifestando mi autoridad.
Me divertía ir
soltando el hilo, hasta sostenerlo apenas con la punta de los dedos índice y
pulgar. Un frío recorría mi espalda, y lo enrollaba rápidamente.
Si alguna
extraña conjura me lo arrebataba de la mano, lo corría y saltando intentaba
tomar el hilo que iba ganando altura.
El globo
seguía su camino zarandeando la cola.
Al verlo
elevarse y volar ladeado hacia lugares desconocidos, no por sobre adaptación
sino con verdadera alegría mi corazón le concedía la libertad.
2008
sábado, 19 de abril de 2014
El campeón
El campeón
Fue ayer de noche estando en reunión de amigos cuando volví
a verte después de tantos años. Te adiviné a la distancia, casi como una sombra. Te acercaste, te sentaste a la mesa justo a mi lado y el derredor silenció. Tan cercanos, no pudimos
evitar que nuestras rodillas se rozaran debajo de la mesa y fue entonces que
giré mi cara y encontré tus labios y al instante saboreé en mi boca tus besos.
Tus manos estaban apoyadas en la mesa, esas manos heridas, esculpidas
a golpes que recorrieron tantas veces con suavidad mi piel, reinventando mi
cuerpo. Cerré los ojos y recordé la habitación aquella, las sabanas esparcidas
en el piso, sentí tu cuerpo entero sobre
el mío, el olor de tu piel y el interminable
goce. Sucedió en ese momento, cuando diste vuelta la cara y nos miramos
a los ojos que los dos supimos cual sería nuestro próximo movimiento. Los demás
como espectadores en la mesa también percibieron, ellos fueron testigos de esa
pasión clandestina que nos unía allá lejos y hace tiempo.
Iba a levantarme para acudir a la cita tácita, cuando
desperté del sueño, del sueño que por un instante te volvió a la vida.
Al costado de mi cama, esparcidas por suelo, yacían las
sábanas caídas.
Coby Vros
Abril 2014
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